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Comentarios

Natalie

Te he leido en el universal y me ha llamado la atención tus comentarios, me ha gustado tu blog, concuerdo con algunas ideas tuyas, tal vez por la edad o el contexto en el que vivimos, pero es verdad que el cine mexicano deberia de mostrar otra parte de nosotros los mexicanos, no hace falta que se la pasen diciendo que estamos de la chingada, eso ya no es necesario y no funciono para sentirnos mal y ser mejores....

Saludos!!

Romash457

Desde la jerga Del Mundo Social, la realidad que se muestra en el cine es circular: los personajes no son personas sino extractos del Status Quo; las situaciones dramáticas son automáticamente Realidades Sociales; a partir de esto, el análisis queda restringido, por definición, a lo definido socialmente; es decir, las realidades sociales son sinónimo de realizaciones sociales, y si la ficción del cine no se aproxima a una realidad social, entonces debe ajustarse, reducirse la película hasta que quepa en las realidades sociales (dadas). Entonces, el cine desde la jerga Del Mundo Social es circular: todo lo que nace en el cine es social a priori (relacional), y lo que contradiga tal afirmación, debe ajustarse a tal a priori. Por eso las historias del cine son metáforas repetitivas: el bueno (o el marginado) contra el malo (o explotador) en un mundo injusto (socialmente torpe u opresor). La culpa no es la falta de talento del guionista: es el analista que moldea la historia a lo socialmente definido. Si todo debe encajar, nada puede variar. Lo que no entendió Mattelart con su Pato Donald, (y hoy no entendemos muchos) es que una obra (película) es una realidad social en sí misma; la ficción no la hace menos real. La historia puede o no legitimar ciertas narraciones (en este caso, que somos Agachados) pero esa no puede ser su principal función; afirmar lo contrario, que el cine se usa para legitimar narraciones, será caer en nuestra propia trampa: la ficción, el curso de su vida, el curso de sus personajes, debe valer por sus lecciones morales. Pero una realidad social constituida vale por sí misma; la ficción del cine no sirve a las narraciones de agachados con problemas de culpa: las rebasa. Al mostrar una realidad en potencia, crea la posibilidad de su existencia.
No se trata de un final de preferencia: cuando una obra es un producto social (y no un productor) necesariamente redundara en lo ya existente: siempre justificara esto o aquello. Lo que importa es lo que deja y que antes no existía: una discusión, un sentimiento de identificación, un final que amarga, pero que no deja indiferente, tal vez, porque hay cierta verdad: más allá de los slogan de superación, ver a dos tipos que pueden ser cualquiera de nosotros, sin educación y con aspiraciones guajiras compartidas (ser futbolistas), nos incomoda: aunque logremos ser futbolistas, con poca educación y mucha idiosincrasia, fracasaremos. ¿Agachados? Ya lo somos por quejarnos de la ficción y no de la realidad.

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