A lo largo de 30 o
40 años, no recuerdo, pero podría decir que fui a muchas reuniones,
amplias, de grupo, de partido, de frente, en asambleas y pequeñas
reuniones. No era nada heroico, pero sí estoico asistir a varias de
estas reuniones a la semana, durante décadas y discutir la orden del
día, es decir discutir lo que íbamos a discutir, determinar durante
largos minutos y lista de oradores, el tiempo que nos correspondería
a cada orador para exponer nuestras ideas y luego esperar el número
correspondiente de la lista de oradores, escuchando buenas
intervenciones y otras pésimas, pero oyendo a todos con atención y
respeto apuntando lo que decían los otros y lo que uno quería
decir. Sumado ese tiempo de elaboración de ideas mediante el debate,
se nos formó a cincelazos una cierta vocación democrática, que
ahora prácticamente ha ido desapareciendo, pues la verdad ya esta
dicha y es absoluta. Confieso que extraño esos tiempos de una
izquierda tal vez primitiva, sin poder en el gobierno, pero que
organizaba acciones, convencía, educaba y los resultados tardaban a
veces, pero lo más importante estaba en nosotros mismos como
individuos y como colectivos.
Ese tiempo de hablar y escuchar nos hizo pasar por muchas de las izquierdas que ahora se mencionan y que existen, pero el común denominador es que el debate, es la fuerza de las palabras y los conceptos, que hoy exigen un lugar para situar los comportamientos en este mundo donde la percepción hace ver que tanto las izquierdas como las derechas parecieran tener comportamientos en común en este mundo de lo predecible, de lo astrológico, donde el ser humano es una simple marioneta de los astros y las leyes del mercado.
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